Dos mujeres relatan sus experiencias en la que pudieron progresar con su negocio gracias al sistema de microcréditos.
Marylin Bustamante - María Zeni
El fuego del pequeño horno instalado en su casa de Monte Chingolo, partido de Lanús, cocinaba las pre- pizzas que Martina Astengi amasaba todos los días. Y no sólo eso, también encendía su voluntad y esfuerzo para seguir trabajando por su sueño: el de tener un negocio para vender comida de elaboración propia.Con las mismas expectativas, Alicia Arsenio se emociona al recordar cuando pudo finalmente dejar su trabajo de cartonera para dedicarse a la venta de indumentaria en la feria cercana a su casa, en el barrio porteño de Villa Soldati. Todos los sábados arma su puesto, tal como lo deseaba.
Sin capital para invertir, ninguna de ellas tenía la posibilidad alguna de comenzar con sus proyectos. Viéndose en esta situación, ambas tomaron la decisión de adoptar el sistema de microcréditos y se acercaron a las entidades que los brindan. Como ellas, muchas otras mujeres optan por este modelo para afrontar el desempleo y salir adelante. Con un sistema basado en la confianza, cuya única garantía es la palabra empeñada, se contrapone visiblemente a las exigencias salariales y burocráticas que expulsan de la línea crediticia bancaria a los más necesitados.
El Programa de Créditos Solidarios de la Fundación Arché ayudó a Martina Astengi a comprar un horno con seis moldes. Con el tiempo, y en simultáneo con el crecimiento de su negocio, logró obtener el freezer y la heladera mostrador. Con estos elementos pudo ampliar el local, que ya no sólo era de comidas elaboradas, sino que ahora también contaba con un almacén. “Tuve momentos en los que estuve mal, angustiada. Pero también tuve oídos que me escucharon”, cuenta la beneficiada.
Por otra parte, Alicia Arsenio recurrió al Banco de la Buena Fe, que le otorgó el préstamo para poder comprar una pequeña cantidad de ropa y alquilar el puesto sólo por un mes. Con esfuerzo, día tras día, logró conseguir el dinero para renovar su stock y seguir manteniendo su punto de venta. Fue así, que lentamente se alejó de su antiguo trabajo.
Ambas afirman orgullosas que pudieron con muy poco sacar a sus familias adelante y demostrarles que con perseverancia y trabajo todo es posible. Sólo necesitaban que alguien confiara en ellas y les brindara ayuda para lograr insertarse en el campo laboral.
El espíritu de los programas de créditos solidarios es construir un proyecto netamente comunitario, que además de plantear diferencias dentro del ámbito gubernamental o privado, transmite la disciplina del esfuerzo y la cooperación para lograr la independencia laboral. Finalmente es imprescindible la alianza del Gobierno con las ONG's para trabajar por el impulso del microcrédito como herramienta para acortar las brechas sociales y generar a su vez políticas inclusivas.
Entre los oscuros pasadizos del desempleo, la pobreza y la desinformación, el objetivo es transparente: lograr el desarrollo social de una zona donde, muchas veces, el Estado no llega. Si bien este sistema ha conseguido ser un recurso importante de confianza y desarrollo, distinto al asistencialismo, no hay duda de que no alcanza para terminar con la pobreza ni llegar a los que menos tienen.
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