martes, 22 de diciembre de 2009

Cuando el Estado no llega

Mariana Salas



Alguien puede tomar un camino, u otro, para marcar su destino. Hay quienes optan por el resentimiento y la resignación, pero en cambio, hay otros que eligen el esfuerzo cotidiano, la perseverancia y la lucha. La segunda opción es la que han preferido unos cuantos, que pese a estar fuera del campo laboral, decidieron vencer la adversidad, construyendo sus propias herramientas.
El sistema de microcréditos, no importa ya si a nivel gubernamental o privado, despierta la riqueza y el potencial dormidos que tiene una persona en la cual ha perdido su dignidad por la pérdida de su trabajo. A esa parte de la población que vive en la marginalidad, el sistema le tiende una mano, para que mediante sus capacidades puedan dar a sus familias una mejor calidad de vida.
Estas metas, que en un principio parecen imposibles de alcanzar, se llevan a cabo con mucho menos de lo que cualquier ciudadano se pueda imaginar. Con tan solo la mitad del sueldo mínimo establecido por el gobierno, los beneficiarios de los microcréditos comienzan a concretar un proyecto que los inserta nuevamente en la sociedad, lo que demuestra que se puede ver más allá de la desigualdad cultural y económica que se vive en Argentina.
Para estas fundaciones y asociaciones, los espacios de encuentro con el beneficiario son una línea estratégica de trabajo para el fortalecimiento del programa y las organizaciones que participan. La idea es poner en común prácticas, experiencias, saberes y herramientas que permitan superar obstáculos y problemáticas, sean éstos comunes a todo el país o particulares de cada territorio para fortalecer la experiencia.
Es indispensable que los medios difundan que todavía hay gente que cree en la solidaridad, y que brinda una parte de su tiempo a aportar sus conocimientos a aquellos que apuestan por la construcción de un emprendimiento. De esta manera, los microemprendedores pueden invertir esa irrisoria suma de dinero en algo que tiempo después se transformará en el sostén económico que abrirá la posibilidad de dar educación, alimentación y una mejora en las condiciones de vida a sus hijos, beneficios a la que ellos jamás habían accedido antes.
Está claro que el país puede cambiar, siempre y cuando se acabe con el individualismo y se apliquen a gran escala políticas sociales fuertes e inclusivas para que millones de personas dejen de estar excluidos del sistema.

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